Promo 82 Champagnat

Wednesday, November 15, 2006

Crónica sabrosa de una caminata a la nostalgia

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De Dino fue la idea, una caminata, una visita guardada al Perú y una convocatoria inesperada. La idea me emocionó, debo ser franco, porque no era la típica reunión de chelas y risas. Era poner el cuerpo en ejercicio y tener la posibilidad de disfrutar del aire puro, el sol, la tranquilidad y los recuerdos...el sábado empezó temprano, como quien se levanta para ir al colegio, seis y media de la mañana. Empacar la mochila, un desayuno ligero y taxi al ex cine Orrantia. Eran las ocho y diez y el “llamador” cumplía su oficio pero aún era el único en el carro. El chofer me propuso partir si le daba doble pasaje, a lo cual un claro “sí, arranca” lo puso al timón. Era mucho mi entusiasmo y, como durante el colegio, quería llegar puntual (9:30 a.m. hora pactada en Villa Marista). Lima – Chosica, mi calculadora mental no logra encontrar una cifra exacta de las veces que he hecho esta ruta, pero la disfruto igual. Bajé en la calle Chucuito y me dirigí hacia la cochera donde Miguel Castillo había dejado su carro, previa llamada a su celular pasando por Santa María. Al subir por la calle me detuve en una ventana rota de lo que fue mi colegio allá por 1970, el Belén, mientras acercaba mi cara para ver hacía adentro mi mente se llenó de aromas, gritos, flores, monjas y compañeros que alguna vez llenaron las aulas y los patios de este, ahora, abandonado y venido a menos, recinto. Tuve que meterle freno a la memoria, corría el riesgo de quedar paralizado, tenía que seguir. Calle arriba, una casa que llamó mi atención, que me gustó, no la había visto antes, hice un acto de mea culpa, me faltó caminar más por Chosica, sobre todo por esos cuadrantes. Cerca de la cochera, percibí una voz que aún podría reconocer distorsionada y tocada hacía atrás, que trataba de llamar mi atención: ¡Rober! ¡Rober!, era Miguel. Nos saludamos y le confesé lo grato que fue volver a escuchar a un amigo pasándome la voz en calle alguna de Chosica. Me hizo olvidar por un momento que ahora soy un forastero en mi propia ciudad. Después de esto, pusimos rumbo este hacia el colegio al encuentro de la remembranza. Fin de la primera parte. Continuará....

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Gracias Roberto y Dino por la cronica y las fotos enviadas.

Monday, November 06, 2006

La Despedida del Hno. Vladimiro

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En 4to de Secundaria me toco ser testigo involuntario de la partida del Hno. Vladimiro a Polonia, me habia quedado en el colegio despues de clase y ya me habian ofrecido el aventon a Sta Anita, en aquel entonces tenian una "combi" que facilmente llevaba a 15 personas en su interior. Como el aspirantado quedaba en Villa Marista
a los hermanos no le quedaba otra sino llevar de Lunes a Viernes a los aspirantes a sus clases en Miraflores,al Instituto Pedagogico Champagnat. No era la primera vez que me daban un aventon, tal vez fueron a lo mas 5 veces que al quedarme en el colegio me ofrecieron darme el jale hasta Sta. Anita, lo malo era que la combi salia a las 4pm y tenia que matar el tiempo haciendome el aplicado en la sala de espera de los aspirantes, alguna tarea la comence o algun capitulo lei mientras esperaba, recuerdo mas bien que al quedarme no faltaba algun aspirante con el que jugaba ping-pong or algun juego de mesa.
Ese dia del cual no recuerdo ni el mes ni la fecha, estaba solo en la sala de espera (tal vez por que los aspirantes tenian examenes) y el Hno. Montane entro a la sala buscando a uno de los aspirantes, al no encontrar a ninguno me pidio que lo ayudase y lo segui. Caminamos a las habitaciones de los Hermanos mayores y alli vi el Hno. Vladimiro con terno oscuro (primera vez que lo veia con algo que no fuera su guayabera de mangas cortas) me saludo (no se si me reconocio) y lo ayudamos a llevar sus pocas cosas a la camioneta, esta camioneta era la camioneta vieja que solia llevar a los hermanos al pedagogico. El Hno. Eugenio me pregunto si iba con nosotros o preferia esperar la otra camioneta, le dije que iba con ellos (no me atrevi a decirle que no) fue asi como durante el trayecto del viaje pude observar al Hno. Vladimiro como nunca lo habia visto antes, estaba nervioso, preocupado o tal vez ansioso, la razon la supe poco tiempo despues durante el viaje, el Hno. Eugenio le habia preguntado si tenia su pasaporte y los pasajes, que estaba contento por el, despues de tantos anos volver a pisar su tierra, el Hno. Vladimiro no era de muchas palabras pero cuando dijo "vuelvo despues de mas de 20 anos" me quede tieso. Para alguien de mi edad que no habia viajado al exterior, que no habia dejado a sus padres mas de una semana en algun viaje, escuchar mas de 20 anos me paralizo.
El Hno. Vladimiro dijo que sus padres habian muerto cuando ya no estaba mas en Polonia, sus hermanos aun estaban vivos, pero al decirlo se notaba esa combinacion de ansiedad y preocupacion, su mirada y su rostro eran mas locuaces que sus respuestas al Hno. Eugenio.
Senti un poco de pena por el, por los anos que habia vivido fuera de su pais, lejos de sus padres, de su familia, tambien vi las cosas que llevaba eran tan pocas, una maleta negra de esas que salen en las peliculas de blanco y negro, que pesan mas por si solas que el contenido que llevan, despues tenia una especie de mochila y finalmente unos objetos envueltos en papel (tal vez un cuadro, lienzo, crucifijo u ornamento). Me arrepenti por las veces que pense que los Hermanos llevaban una buena vida y que ser Hermano Marista no seria tan dificil despues de todo. Me di cuenta de lo equivocado que estaba y me avergonze pues alli estaba yo viajando con un Hno. Marista que habia hecho sus votos de pobreza, castidad y obediencia cuando era muy joven y ahora en el otono de su vida regresaba a su tierra, con muy pocas cosas, solo con ese gran corazon y generosidad que tienen muchos hermanos Maristas, dispuesto a continuar con su ministerio en su pais natal cerca de su familia.